¿Has sentido ira contra alguien alguna vez? Lo más normal es que tu respuesta sea “si” y venga a tu mente el recuerdo de alguna escena en la que te hayas sentido severamente enfadado y seguramente tuviste que respirar profundamente para poder controlarte ¡Bravo por eso! pero…

¿Y si no lo fueras hecho?

Dos caminos hubieran seguido a esa ira: la violencia física o la verbal que, en este escrito lo describiremos como heteroagresividad.

¿Qué es la heteroagresividad?

En palabras simples, esto se refiere al conjunto de reacciones que puede tener un individuo ante otro cuando se encuentra en estado de ira, abarcando no solo las respuestas físicas que usualmente son golpes, sino también, gestos o insultos que son propios de una persona que está enfadada.

Es importante aclarar que no se está hablando de molestias pasajeras, cualquiera tiene derecho y esta propenso a sentir enojo en algún momento.

El problema radica cuando la agresividad se vuelve constante y se convierte en la respuesta obligada de casi todos los conflictos, lo que refleja un débil manejo de las emociones por parte del heteroagresivo.

¿Cuáles son las principales causas de la heteroagresividad?

Este tema ha sido ampliamente estudiado y las causas son muy diversas, van desde el factor genético donde el niño, desde pequeño, se muestro violento o poco empático, hasta elementos del entorno que incidan directamente en la conducta del mismo.

Las personas con una infancia difícil, expuestas a abusos, familiares cercanos con conducta delictiva o exposición temprana al alcohol son más propensas a caer en esta forma de comportamiento.

Sin embargo, ciertos casos apuntan a personas con entornos saludables que se vuelven igual de hostiles, por lo que su problema ya radica en un muy mal manejo de sus emociones proyectándolas todas a enojo. Es decir, si sienten miedo, tristeza, ansiedad o estrés se molestan y desahogan su frustración en los demás.

¿Cómo se manifiesta la heteroagresividad?

A diferencia de la auto agresividad, donde el individuo es agresivo consigo mismo, la heteroagresividad responde a acciones contra otros. Se puede manifestar de diversas maneras y sin importar el género.

Usualmente, las mujeres suelen inclinarse más a agresiones verbales o gestuales mientras que los hombres, se inclinan más al enfrentamiento físico, pero es evidente en ambos sexos sin ninguna discriminación. El individuo que sufre este tipo de conducta suele manifestarla de la siguiente forma:

Comportamiento perturbador

La raíz de esta forma de agresión comienza en la niñez. El individuo suele tener una actitud desafiante de constante enfrentamiento con el entorno. No le gusta seguir las normas sociales establecidas y se muestra sumamente hostil.

Comportamiento explosivo

En este caso, el individuo puede tener ataques de ira sumamente violentos que son desencadenados por nimiedades y, una vez los tiene, siente que no puede detenerse agrediendo física o verbalmente al otro por algunos minutos. Un ejemplo de esto, puede ser un marido violento que le da un puñetazo a su esposa porque no calentó bien la comida.

Comportamiento agitador

Es propio de un sujeto que vive en constante ansiedad, desequilibrio e irritabilidad. Se le ve en personas sumamente hiperactivas que actúan bajo estrés o miedo. Es un cuadro que suelen presentar adictos a fármacos, drogas, alcohol o que tengan algún tipo de trastorno neurológico.

¿Qué trastornos psicológicos se encuentran asociados?

Otro punto que debe destacarse, es la heteroagresividad como una consecuencia y no como un problema central. Es decir, que ciertos trastornos pueden generar en el individuo una conducta agresiva hacia los demás de distintas formas y lo que se deberá tratar no es la ira en si, sino lo que la provoca.

Entre las enfermedades mentales y perturbaciones más comunes se encuentran: la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión, el trastorno de personalidad múltiple, la psicopatía, entre otros.

Como verás, en esos casos la reacción violenta puede ser casi que inevitable. Ahora bien, si el individuo solo es agresivo porque no puede controlar sus impulsos, lo mejor es que acuda a un especialista para iniciar una terapia psicológica que le ayude a canalizar su ira puesto que, el descontrol de la misma, puede llevar a cualquiera a cometer hechos delictivos futuramente lamentables.

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