No cabe duda que la risa, es el remedio para aliviar muchas preocupaciones; así que, saber sacar un buen chiste de las cosas que te suceden es una excelente terapia para andar por la vida con mejor ánimo e influir positivamente en los demás.

Aprender cómo ser gracioso de forma natural, es una herramienta que te abrirá muchas puertas en tus relaciones interpersonales y además, te hará sentir más seguro de ti mismo.

Se gracioso contigo mismo para empezar

Es importante aclarar que la risa está vinculada a la felicidad y esta emoción no se puede fingir, de hecho, cuando intentamos hacerlo, se ve forzado y nadie nos cree. Una carcajada debe ser una prolongación de lo que realmente se está sintiendo en el momento ¿a qué queremos llegar con esto?

A que tomarse las cosas con una sonrisa no es una cuestión de técnica sino de espíritu. Se logra esto, cuando entiendes que tomarse las cosas tan a pecho es perjudicial y que es mejor reírnos de nuestros propios errores a latigarnos por ellos.

Acepta los retos cotidianos con una sonrisa

Cuando lo anterior se vuelve parte de nuestra actitud, lidiar con las situaciones estresantes de forma graciosa se hace más simple y los demás empiezan a notarlo.

Por ejemplo, imagina que estas en un terminal esperando a que llegue un bus pero el mismo se retrasa; obviamente, si la tardanza es larga, no se harán de rogar las caras tensas y los ceños fruncidos, pero está en ti marcar una diferencia.

Puedes sumarte a la mayoría o decidir ser una persona graciosa y realizar chistes acerca de la situación que permitan hacer más llevadera la demora. Sin duda, te habrás topado con personas así, que tienen el don de convertir lo insoportable en un momento ameno.

Usa la espontaneidad como medio para ser gracioso

Si lo que quieres es ser divertido de forma natural, la espontaneidad será tu mejor arma. Aprender de memoria chistes o aplicar sarcasmos fuera de lugar, no tendrá impacto alguno si los dices sin asociación al contexto.

El truco está, en usar la imaginación para sacar bromas basándote en lo que tengas disponible en el momento: situaciones, personas, programas o hasta tú mismo.

El caso, es que es un talento que se desarrolla poco a poco y al hacerse parte de nuestro modo de ser, es posible practicarlo naturalmente.

Válete de bromas, juegos y exageraciones

Las formas más comunes para generar risas en todos los rostros, es a través de exageraciones o metáforas bien empleadas como: “tu nariz es inmensa, cuidado me sacas un ojo” o “Tu mamá si se tarda para traer el café, ya estoy que me quedo a vivir aquí”.

Como verás, son juegos o expresiones simples cargadas de confianza que suelen surgir en un grupo de amigos o familia. También, burlarse de sí mismo a modo de juego es muy común; por ejemplo: “Hoy cumplí 30 años, vayan comprándome un bastón”, frase que obviamente, deberá ir acompañada de gestos divertidos o muecas para que se refuerce la intención de causar risas.

Incluye en tus gracias solo a personas conocidas

Vale la pena destacar que ser chistoso, no implica burlarse de amigos de forma hiriente o pasarse de la raya con desconocidos; ya que esto, podría ser desagradable o en casos extremos llegar al bullying, el cual, es un problema muy común más que todo en los jóvenes que debe mirarse con seriedad.

Cuando eres gracioso de forma natural, las risas te persiguen y no las lágrimas o gestos de molestia de nadie. Solo amenizas los encuentros con los demás de forma educada con base a la confianza que exista y lidias con la vida de forma más alegre al verlo todo con el mejor humor.

Eres la persona que hacer reír a amigos o familiares de forma saludable y esto, además de ser una excelente estrategia para socializar, se convertirá en una cualidad que te hará destacar del resto.

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